Amor de familia, va más allá de los lazos de sangre

“Mujer, ahí tienes a tu hijo. … ahí tienes a tu madre”. (Juan, 19: 26-27).

Tercera Palabra

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El amor de Jesús por su madre, por su familia, era tan grande que en medio de la muerte, pensaba en ellos, se preocupaba por ellos y les dejo un sentido de responsabilidad recíproca y de protección mutua. La Familia para Jesús es lo más importante, la principal herencia y tesoro.

No solo las madres deben proteger y cuidar a los hijos, sino también los hijos a las madres; siempre nos han enseñado que las madres son para cuidar a los hijos, pero Jesús acá nos enseña que los hijos debemos cuidar a las madres.

Pero esa “Mujer” no era la mamá de Juan y ese Joven no era hijo de María. Para Jesús la Familia no solo son los vínculos de sangre, sino también los vínculos de afecto, amistad, amor, solidaridad.

Jesús tenía un concepto muy amplio de familia, más allá de las relaciones biológicas, ÉL consideró las relaciones espirituales y afectivas como constitutivas de relaciones familiares, esos lazos son irrompibles, indestructibles.

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Jesús le dejó la tarea de cuidar a su Madre, a un hombre y Juan era un hombre joven. Los hombres tradicionalmente no cuidamos a las mujeres, ni a los niños, niñas, personas adultas mayores, ni a las madres; esas tareas de alimentar, bañar, dar de comer, etc. casi siempre quienes la realizan son las mujeres. Jesús rompió así otro esquema de relaciones familiares. Asignándole a un hombre una actividad domestica del hogar y dice la escritura que «… desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” o sea este Joven revolucionario cuido de esa bendita mujer.

La sociedad hebrea de aquel entonces, era mil veces más machista que la actual sociedad, pero Juan y María asumieron estos conceptos novedosos de familia de Jesús, el Maestro de Maestros.

 

Carlos Emilio López Hurtado |03 de abril de 2015