Estoy llegando a mi casa, después de dar una caminata por los alrededores de la Cooperativa donde vivo, quiero compartir contigo mis cuestionamientos y pensamientos claroscuros, palpitaciones rápidas y lentas. Oraciones, meditaciones, suplicas espirituales, diálogos con los árboles y conmigo mismo, placeres indecibles, la energización de mis proyectos, promesas y esperanzas que viví hoy en esta noche, en esta pequeña e interminable caminata.

El Mundo de los tiempos

El Mundo de los tiempos

Romance con la noche

Hoy he caminado con la noche, disfrute sus dimensiones, he visto los cabellos y los pechos de la luna, he percibido la fragancia vaginal de la tierra.

Amor por el barro

Caminé en el charco, me enlodé y me alegré, 

estoy contento de no caminar en el suelo asfaltado por el sludge, no recuerdo si así se escribe, en fin es basura que los cheles “generosamente”, nos quieren vender para pavimentar nuestros caminos.

¿Pobreza o polución?

De pronto sentí una gran alegría de que niñas y niños del barrio se enfermen de paludismo y no de cánceres en la piel.

Fui árbol

Vi a los arboles moverse delicadamente, 

Escuché sus conversaciones y me contaron de sus sueños,

de la ternura y el amor que sienten por los niños y niñas

Hijos e hijas de la noche

En uno de los callejones oí susurrar a un grupo de cipotes,
que estaban oliendo pega escondidos cobijados por la oscuridad,
todas las personas duermen en sus casas, mientras ellos y ellas mueren despiertos.

¿Qué existe?

El tiempo dejo de ser,

La tecnología mató el espacio,
El espacio no nos contiene, 
La globalización nos desintegró.

El pasado engaño al futuro
La luz eléctrica, nos volvió ciegos,
Ya no vemos el rostro de las estrellas.
El televisor absorbió las imágenes que nos proyectábamos unos a otros.

Hoy ya no nos vemos, solo el televisor nos ve.

 

Carlos Emilio López Hurtado |26 de enero de 2015