Y quien dijo, “Que solo con castigo aprenden las niñas y niñas”.

Los mejores métodos educativos son el amor, la ternura, el diálogo, la comunicación y el estímulo. 

Hagamos un museo nacional de fajas, coyundas, chilillos, riendas. 

Hagamos de los golpes y los malos tratos a las niñas y niños un asunto del pasado. Un museo de esos artefactos del horror, no para enorgullecernos de ellos, sino para recordar una historia que fue y que no debe regresar.

Desaprendamos de la memoria colectiva todas las frases que justifican la violencia, tales como: “la letra entra con sangre” ó “te pego porque te quiero” y tantas otras.

Que en el presente y el futuro nos convirtamos, nos dispongamos y nos transformemos en familias y escuelas que eduquen en base a la regla del Maestro de Nazaret, Jesús: la regla de oro: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. (Mateo 7: 12). 

“Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6: 31).

Todas las personas queremos ser tratadas con amor; las niñas y los niños son personas.

Eduquemos, orientemos y ejerzamos nuestra “autoridad” de padres, madres, docentes en base al beso, el abrazo, la compañía, el ejemplo, la amistad, la comprensión. Coloco la palabra autoridad en comillas, porque la hemos entendido como dominio, control, poder; debemos entenderla como responsabilidad, formación, servicio, entrega, amor creativo.

Las personas que fueron castigadas son más temerosas, inseguras, violentas e intolerantes que quienes las que no fueron castigadas.

Las personas que son educadas y que sean educadas en base al amor; son y serán personas más responsables, más seguras, más productivas, más democráticas, más pacíficas, más creativas.

 

17 de abril de 2015 |Carlos Emilio López Hurtado